Es sin duda una de las remontadas más épicas jamás producidas en una final de la Champions League. El partido entre Liverpool y Milán es uno de los encuentros más grabados por los aficionados, un espectáculo mayúsculo con seis goles, una prórroga y un desenlace en una agónica tanda de penaltis que coronó al equipo inglés como rey de Europa por quinta vez en su historia .
Rebobinemos quince años atrás. Liverpool y Milán se vuelven a disputar en la final de Estambul tras eliminar los “rojos” a Bayer Leverkusen, Juventus y Chelsea y los “rossoneri” a Manchester United, el Inter y el PSV Endhoven.
El desenlace lo tenía todo para ofrecer un espectáculo sin igual, y la verdad es que no defraudó en absoluto. El partido no pudo comenzar peor para los intereses del Liverpool, dirigido en aquel entonces por Rafa Benítez, dado que en el primer minuto los ingleses y perdieron al encajar un gol de Paolo Maldini. El incombustible capitán italiano cabeceó desde el corazón del área una falta lateral sacada por Pirlo, colocando el 0-1 en el marcador.
El gol de Maldini no fue más que el comienzo del vendaval italiano, amo y señor del encuentro durante el primer tiempo. Los esfuerzos del Liverpool para detener la ofensiva milanista resultaron infructuosos, con un Kaká desatado y con un Hernán Crespo resolutivo con un doblete antes de llegar al descanso.
El intermedio fue una bendición para el Liverpool, tocado por el 0-3, aunque no hundido. Los “rojos” salieron a por todas en una segunda mitad épica. Steven Gerrard buscó el equipo a la espalda y abrió el camino de la remontada con un cabezazo espectacular en el 54 ‘. Dos minutos después, Smicer puso el segundo y Xabi Alonso, en el 60 ‘, puso la igualada.
El Milán no se creía lo que estaba pasando. Había perdido el dominio del encuentro, su renta de tres goles y había considerado como Dudek había levantado un muro infranqueable en la portería. Así, el partido se fue a la prórroga, donde Shevchenko tuvo la victoria a pocos segundos para la final. Pero el guardameta polaco del Liverpool desvió su remate y envió el partido a la lotería de los penaltis.
Cómo antaño Grobbelaar había hecho en la final del 84 ’, el portero polaco supo desquiciar a los lanzadores del Milán. Con sus ostentosos movimientos, Serginho tiró alto el primero. Luego detuvo el segundo de Pirlo y el quinto -y decisivo- a Shevchenko, dando al Liverpool su quinta Champions League.
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