Jobe Bellingham no levanta cabeza
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Ser hermano de un futbolista de éxito en esto del fútbol es un arma de doble filo. Es positivo si te permite abrir puertas de clubes que de otra forma quizás no podrías aspirar, pero también puede convertirse en tu condena si no cumples con las expectativas puestas en ti. Las de Jobe Bellingham, hermano de Jude, eran muy altas y, por ahora, están lejos de cumplirse.
En Dortmund este verano decidieron combatir el incierto presente del club recordando los buenos tiempos. Si con un Bellingham en Westfalia, el equipo carburaba, ¿por qué no fichar a otro? Y así fue como picaron a la puerta del Sunderland y desembolsaron 30 millones de euros por un chaval de 19 años con un futuro prometedor. En el Signal Iduna Park tenían una nueva estrella.
La historia parecía escrita: un Bellingham llegado a Dortmund, despunta en Alemania y salta a un equipo mayor. ¿Qué podía salir mal? Todo se desbordó tras el Mundial de Clubes, primera toma de contacto de Jobe con su nuevo equipo. El inglés conectó de inmediato con sus nuevos compañeros y se ganó la confianza de Niko Kovac de inmediato. A pesar de sus evidentes diferencias, muchos veían en el menor de los Bellingham al digno heredero de su hermano en el club negriamarillo.
Presión, mala racha, escándalos familiares…
Y llegó el inicio de la temporada. Y con el inicio del curso futbolístico llegaron los problemas. Sin su condición de titular en el once de Kovac como sí lo tuvo durante la pretemporada, el inglés se deshizo como un azucarillo conforme pasaron los partidos. La zozobra aumentaba en torno al futbolista, a quien empezó a lastrar el peso del coste de su fichaje en un club que necesita acertar de lleno en las escasas inversiones que realiza.

Jobe Bellingham, durante un duelo con el Dortmund / EFE
Por si fuera poco, fuera del terreno de juego las cosas iban todavía peor. Mark Bellingham, padre del futbolista, tuvo un enfrentamiento verbal con Sebastian Kehl respecto a las oportunidades que estaba teniendo su hijo en Westfalia. La reacción del club alemán fue contundente; Jobe debía ganarse sus minutos con “tiempo y humildad“, algo que no sentó nada bien a la familia Bellingham ni tampoco a su hijo. La ruptura era total.
Jobe ha pasado de ser la estrella del Dortmund durante el Mundial de Clubes a un mero actor secundario en los esquemas de Kovac. Su única titularidad desde agosto llegó contra el Athletic Club en Champions, mientras que en el resto de partidos el centrocampista apenas ha pasado de los 30 minutos sobre el verde.
Su último capítulo gris de esta historia lo escribió este sábado en Múnich. Jobe entró en los instantes finales para intentar remontar el partido contra el Bayern, aunque los pocos minutos sobre el terreno de juego sirvieron para demostrar que el inglés no está ahora mismo conectado con su equipo. Regaló con un despeje fallido el segundo del Bayern, que selló la victoria de los bávaros y sentenció al inglés, nuevamente blanco de las críticas.
Uno de los que defendió al inglés fue su compatriota, Harry Kane: “Fue una situación difícil para él. Jobe intentó despejar el balón, pero Olise reaccionó más rápido. Fue una lástima, pero tiene que seguir adelante y trabajar más duro”, expresó. También lo hizo su entrenador: “No hay ninguna culpa. Está perfectamente bien“. En sus manos está revertir una situación que, hoy por hoy, parece irreconducible no por el propio talento del futbolista, sino por todo lo que rodea al joven jugador.
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