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Histórico: bailarines checos sobre hielo usaron música de IA en los JJ.OO

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Durante los Juegos Olímpicos de invierno, la pareja de patinadores artísticos checos Kateřína Mrázková y Daniel Mrázek ejecutaron su rutina de danza rítmica acompañados por una composición musical parcialmente generada mediante inteligencia artificial, provocando cuestionamientos sobre la creatividad en el deporte profesional y la proliferación de tecnologías generativas.

El dúo de hermanos patinó al ritmo de una canción titulada «One Two by AI (90s style Bon Jovi)», seguida por «Thunderstruck» de AC/DC. Los comentaristas de NBC notaron casualmente que la primera sección correspondía a música sintetizada. Según la Unión Internacional de Patinaje, la organización reguladora del deporte competitivo, esta elección no contraviene regulaciones oficiales, aunque representa un precedente inquietante en disciplinas artísticas olímpicas.

La composición artificial emulaba notoriamente el estilo del legendario conjunto de rock Bon Jovi, incluyendo frases líquidas como «Levanta tus manos, enciende la noche en fuego», prácticamente idénticas a «Raise Your Hands» del grupo estadounidense. Este fenómeno no constituye la primera controversia envolviendo al conjunto checo y la tecnología generativa. Previamente, durante la temporada competitiva, utilizaron una canción sintética que reproducía notoriamente versos de «You Get What You Give» de New Radicals, incluyendo la línea «Cada noche destrozamos un Mercedes-Benz», junto con otras frases correlativas.

Aunque permiten que la música artificial impulse sus coreografías olímpicas, los modelos de lenguaje empleados frecuentemente reproducen pasajes de obras originales sobre las cuales fueron entrenados. El fenómeno evidencia un dilema contemporáneo: mientras la industria musical experimenta con artistas sintéticos, los atletas se encuentran navegando ambigüedades regulatorias. Expertos cuestionan si la esencia de la danza artística —requisito fundamental en competencias olímpicas— permanece intacta cuando la música que la acompaña carece de autoría humana genuina. La decisión de los patinadores refleja una complejidad mayor: aunque tecnológicamente legal, plantea interrogantes profundas sobre la autenticidad en los deportes competitivos.

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