<
>

Caos en el rugby inglés: historia de una crisis anunciada


La Federación

Las penurias económicas de la Premiership son la cúspide de la pirámide de esta crisis. La raíz está en la base y en la institución encargada de gestionarla, la Rugby Football Union (RFU), el ente federativo inglés. Según Statista, en 2016 jugaban al rugby en Inglaterra al menos dos veces por semana cerca de 260.000 personas. En 2021, el último año con datos, eran cerca de 134.000. Se ha producido una fuga en dirección a otras disciplinas crecientes en popularidad como el running o el ciclismo que la RFU no ha conseguido atajar. La tendencia la alimenta, también hay que decirlo, un problema que escapa parcialmente a su control: la sensación cada vez mayor de que este es un deporte peligroso. Cierto es que la RFU depende en este asunto de las directrices que le marque World Rugby, la Federación Internacional, pero la culpa de que los jugadores se sientan desprotegidos y las familias empiecen a optar por otras alternativas al decidir qué deporte quiere que practiquen sus hijos, sería en cualquier caso compartida. O al menos así lo entienden los 295 jugadores que decidieron demandar recientemente a ambos entes, junto con la Federación Galesa, como responsables subsidiarios de la demencia que les ha sido diagnosticada, como consecuencia de sufrir recurrentemente impactos en el cráneo durante años de práctica de este deporte.

Descripción alternativa de la imagen

La decadencia del ’15 de La Rosa’ es evidente pese a la medalla de bronce ganada en el último Mundial.

De vuelta a la cúspide, los problemas se amontan en torno a la gallina de los huevos de oro, la selección masculina. Su buen papel en el último Mundial, que acabaron terceros cuando había quinielas que apostaban incluso por su eliminación en fase de grupos, no entierra, al menos del todo, el hecho de que no han sido capaces de competir por el Seis Naciones en las tres últimas ediciones, con el quinto puesto de 2021 como suelo, ni la patada hacia delante que supuso el cambio de Eddie Jones por Steve Borthwick, acabe bien o no el mandato de este último. Tampoco que Twickenham, la mayor fuente de ingresos del rugby inglés, lleva tiempo luciendo menos poblado de lo habitual y convertido en un polvorín, con abucheos puntuales, peleas en las inmediaciones de aficionados frustrados por los resultados y pasados de rosca por el exceso de alcohol, un problema que ha llegado a las páginas del Daily Mail de la mano de Sir Clive Woodward.

Twickenham, la mayor fuente de ingresos del rugby inglés, lleva tiempo luciendo menos poblado de lo habitual y convertido en un polvorín.

Eso, en lo deportivo. En lo económico, la situación tampoco es mucho más halagüeña que en el rugby de clubes. De hecho, solo los 102 millones que recibió la RFU por el acuerdo del Seis Naciones con CVC salvaron sus cuentas de los números rojos el año pasado, en el que se llegó a cuestionar el puesto de Bill Sweeney, su CEO, y su salario de 750.000 euros anuales. Especialmente después de que un comité parlamentario encargado de investigar la crisis de la Premiership, que no deja de estar de alguna forma bajo el paraguas de la Premiership (algo que se pretende cambiar para compartimentar espacios con vistas a que futuros problemas de una organización no afecten a la otra), resolviera como conclusión más palmaria que el liderazgo en el rugby inglés es ahora mismo “inerte”.

Etiquetas

Siguiente

Deja tu comentario