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Aniol Serrasolses y la cascada del diablo


En el archipilago de Svalbard, la poblacin de osos polares supera a la humana; desde hace ms de 70 aos est prohibido enterrar cadveres porque, por el fro, no se descomponen y se envan a la Noruega continental, y durante cuatro meses al ao se vive en completa oscuridad.

A Aniol Serrasolses, delgado, decidido, extravagante, esta tierra de hielo donde un grado latitud ms al Norte ya no habita nadie ms hasta alcanzar el Polo, no es un rincn que le pillara a mano precisamente. Entre la Patagonia chilena donde l vive desde hace unos aos construyendo cabaas con sus propias manos y Svalbard hay 15.647 km, y dos das enteros de vuelo si todas las escalas se ajustan bien.

Pero todo a eso al cataln le ha dado lo mismo. El da de 2015 en el que con el dedo pulgar y el ndice ampli a todo lo que se poda una fotografa del canadiense Paul Nicklen le atrap sin remisin. “Era la primera vez que vea una cascada saliendo del hielo”, confirma. La imagen de aquel acantilado helado, un Dover de cristal, se incrust en su cerebro. “La impresin que cre fue increble. Pasaban los aos y yo segua pensando en eso”, recuerda. Y as empez la aventura ms sobresaliente de un chico de Bescan (Girona), muy trasto, mal estudiante, “la oveja negra”, segn reconoce de una familia formada por el propietario de una empresa de renovables y una funcionaria de Hacienda y que hoy, a los 32 aos, est en Red Bull, la escudera de los deportistas singulares.

El reto que se proyecta el prximo mes en un documental necesitaba una gran envergadura. Requera de una logstica costosa y de los cinco sentidos de un deportista que dice manejar la lnea que separa el riesgo de la inconsciencia. “Me veo mejor, ms listo, con menos posibilidades de que me pase algo ahora que antes, porque entonces era joven, inexperto y estaba mucho ms loco que ahora”. Hace dos aos, la divisin espaola de la firma de bebidas energticas austriaca le dijo que lo retomase. “Arm mi equipo, Mikel Sarasola, Alex Salvat, que es mi camargrafo, y el fotgrafo David Sodomka y lo empezamos a mover. La idea que se nos ocurri fue ir a Groenlandia a buscar ese tipo de cascadas como un viaje de exploracin. No encontramos lo que buscamos y decidimos el pasado verano volver a Svalbard”.

Serrasolses se vio, de repente, “en el paraso”, pero en un medio como el hielo, que necesitaba descifrar. “No creo que nadie est acostumbrado a remar en l”, revela. “Es impredecible, superdinmico, muy complicado. Pero me encant porque ha sido explorar una variante completamente nueva en mi deporte”.

Parte mdico interminable

Su arrojo, ese deseo por lo desconocido, tiene una factura de la extensin de una gran compra en un supermercado. “Dentro de todo, he tenido suerte”, dice con aplomo Aniol despues de enumerar un parte de lesiones que es difcil de creer en un solo cuerpo humano: “Me he roto el hombro derecho; el acromion -el hueso que forma la punta del hombro- dos veces; varias costillas en ambos lados; la columna un par de veces ms; la nariz, en ms seis ocasiones y la ltima se me abri tan mal que ahora tengo que volver a operarme”.

La aventura en una de las zonas ms inhspitas del planeta fue agotadora y, por das, frustrante. Encontraban cascadas perfectas, obras de arte de la naturaleza, pero con hielo muy inestable, que poda enterrarlos. El riesgo era fabuloso. Osos polares, zorros rticos, focas y morsas eran los nicos testigos. “A veces pasamos horas y horas en el hielo. No era solo el momento de correrla con el kayak, era llegar hasta ah. Hubo algunas caminatas en el hielo que eran de nueve kilmetros en las que tenamos que cruzar 100 ros, con una escalera, el kayak, los crampones o el hacha de hielo”. Para la grabacin, descendi por la cascada de menor tamao “7 8 veces. Pero por la grande, la del salto de 20 metros, slo una. Me hubiese gustado ms, pero cuanto ms permaneces ah, ms riesgos asumes”.

Cada bajada pona el cuerpo de Aniol a prueba. “Imagnate agua entre cero y un grado. Las manos se congelaban. Pierdes toda la sensibilidad. Entonces, el remo es tu vida y si pierdes la sensibilidad, pierdes el control de tu remada, de todo. Es como un cirujano que no siente las manos. Por suerte ya llevamos unos trajes completos, pero para las manos y la cara, no. No hay como taparlas. Slo puedes aguantar y aguantar, mientras las gotas de agua se clavan como puales en tu cara”.

El desenlace era caer desde 20 metros a un mar helado, donde si sala todo bien, el xito era slo rozar la hipotermia. Si el final se complicaba, las consecuencias podan ser mortales. “Esa es la gran diferencia entre este deporte y otro. En bici y esas cosas, una vez te has cado, te has cado y te quedas ah. Entonces te revientas, te pasa lo que te pasa, pero, pero ah termina la historia. En el kayak, una vez que has chocado y ya no puedes ms y sales de tu kayak como ltima opcin, ah empieza lo ‘bueno’. Tienes que salir del ro nadando y cuando ya no logras eso y quedas inconsciente, ests totalmente a merced del ro. Es un medio que puede ser muy noble y muy bueno, pero cuando te metes en problemas en el ro es otro nivel. Todo el mundo ha probado a quedarse sin aire por un rato y sabe que lo que se siente no es nada agradable”.

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