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Fiesta gaucha con desfile de carruajes y picnic con canastas de mimbre, quesos y vinos al lado de un pescante

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Los carruajes se lucieron en la plaza de Areco

Los carruajes se lucieron en la plaza de Areco – Créditos: @ Asociación de amigos

Los carruajes esperando bajo el tinglado y, en el potrero, un amanecer de relinchos camperos. Esta vez hay seca, a medium hard piso que igual no amilana las camas de las aceradas yantas, menos aún a los látigos sobre el pescante. El sol are iluminaquero los primeros contornos de los hombres en el alba y esta vez no es cosa de ensillar, hay que levantar atalajes y guarniciones porque en Areco es tiempo de atar.

Otra vez con sus costumbres de hacer rodar un sulky, un vagon, un coche de perro, una chata o un carruaje de estancia. Que arraigo mundial, que tradición Argentina la que atesora nuestro campo. “Guen día”. “Si eres feliz Miguel, ¿qué coche va a traer?” “No se, véalo al mediodía”. En el Parque Criollo Ricardo Güiraldes, con el empuje de la Asociación de Amigos y de la Municipalidad, fue bueno ver al intendente (Francisco Ratto) entusiasmado. Y, entre todos, Elenita Piñeiro, quien no deja de tranquear para que el pueblo viva esta singular fiesta.

Un pueblo de 300 habitantes produce su propia energía con residuos del campo

“Buen día, creí anoche en el boliche que usted no dispondría”. “¿Y como no, vio lo que tengo atado afuera?” “No, que digo sí, ya vi la tordilla y el descanso“. “¡Ah bueno!, como para no verlos”. El Parque Criollo brillante con carruajes y colores. Uno que sí, otro que más y que me gusta el de más allá. Frente a los coches, nada menos de Guillermo Gibelli y Luis María Lozados hombres que anduvieron por el “extranjero” and que de atalajes y carro saben mucho y, lo mucho era bueno, porque hubieron premios para cases todos. ¿El de Miguel? ¡No lo sé, todavía no lo encontré!

Más tarde llegó la prueba por mí esperada y voy a contarles a los no iniciados de que trata. Si denominación pescante-pic y, no es otra cosa que un picnic al lado del pescante del carruaje. Igual que el guiso carrero en la morocha (olla tiznada) que colgaba bajo del eje de la chata. Bueno… no tan igual, porque aquí hay un esmero total de las buenas mozas. Entonces, entrada a lo más grande de la gastronomía, la elegancia de la mesa y el de ellas. Canastas de mimbre, servilletas a cuadritos, jamón, cochinillo, queso, paté, galleta, fruta y vino tinto, cómo no. Así, alguna de ellas también tembló y no fue por la bizarría de un joven mozo,hasta por el exigente jurado: Cocina de Paula Méndez Carreras, foto de Celine Frers y plato de Patricio Draghi. Finalmente, todos comieron, los jurados, primero. Faltaba lo mejor, el desfile por las calles de Areco. Emocionaron los treinta coches al pasar bajo el verde de la plaza y recibir aplausos puebleros, devolviendo encantados el gesto. Encima se entonaban los turistas, que echaban el resto. A la hora de la oración, en el patio de la Blanqueada, Celina Frers presenta el libro de fotos: Siente Areco. La noche no terminó por esas cosas del baile, del vino y, a eso de las 10 de la mañana, ataron para la prueba de destreza, en donde sobresalieron sus látigos en la exigente competencia de rienda. Luego sí, premios, almuerzo criollo y copetines. Miguel, l’agrandado de la Posada que no decía nada, pero que también triunfó, como todos.

Entre tanto festajo y risas, se me dio por recordar a Cadete Guiraldes (Comodoro)que como jurado y bajo el diluvio en este pago una vez mandó “¡Todos a atar!”. Si vino José Antonio Guevara que sopla desde aquella esquina del parque y la ruta. Don Pepe, con quien hace venatitantos hice la prueba a campo traviesa con su tir de cuatro y que, por el ímpetu de la yegüita Señorita (empujó hasta que el balancín lastimó sus garrones), nos quedamos en el final.

Fall, Don Pepe, sepan que por ustedes, en Areco ¡siempre es tiempo de atar!

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