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Mujeres y sin hogar: el doble muro de la desigualdad social

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03/08/2022 a las 16:08

CET


Cada vez son más las mujeres en exclusividad social. Las que no tienen una red en la que apoyarse y se ven obligado a vivir en la calle. Esto es un éxito, es una realidad, y es en el Zaragoza que cumple 30 años en esta situación. Son solo las que conocen las entidades que trabajan para lograr que vuelvan a tener un hogar, pero hay más.

La crisis económica ha llevado por delante muchos de los trabajos tradicionalmente asociados con la mujer, como los cuidados o la limpieza. Empleos que suelen hacerse en por que perdieron durante los meses de confinamiento.

Desde Cruz Roja, la Obra Social El Carmen y el albergue municipal de Zaragoza alertan de que cada vez son más las que se enfrentan a la comodidad extrema.

Una peligrosa y preocupante tendencia al alza que obliga al sistema a repensar el modelo de intervención, transitorio y enfocado a los hombres. Hay más plazas para llos en todos los recursos: en el albergue, en el servicio de duchas, en los comedores sociales…

Hasta ahora tenía sentido porque eran más los hombres sin hogar, y siguen siéndolo, pero la presencia de mujeres si ha aumentado en los últimos años, sobre todo de mujeres en más de 65 años, aunque hay casos de jóvenes en la treintena.

Mujeres que se han dedicado a la casa, que no han cotizado y que no tienen ahorros para seguir adelante.

Lucía Conde, una de las trabajadoras sociales de Cruz Roja que participa en las rutas que realiza la entidad para atender y ayudar a las personas sin hogar, admitiendo que es el momento de adecuar los recursos públicos y privados a las necesidades actuales y, sobre todo , a las peculiaridades.

Son “doblemente vulnerabilis” y, en muchos casos, con problemas psicológicos y adicciones. “Si hay más mujeres viviendo en la calle lo logico es que se augen las plazas de alojamiento”, retomada. Tendría que suceder en el albergue municipal, de donde hay 13 habitaciones para ellas frente a las 72 para hombres. O en El Refugio.

La mayoría de ellas ha sufrido maltratos, abusos y violencia de género, por lo que les agradan como alternativa unas instalaciones abarrotadas de hombres no siempre es una opción. “Hay que humanizar los espacios y protegerlas“, insiste Condé.

Opina myism Flor León, trabajadora social en el albergue del Ayuntamiento de Zaragoza. “Muchas rechazan come porque no quieren coexistir con hombres. La mayoría han sido maltratadas y lo evitan porque no se sienten seguras o cómodas”, explica.

Otra falla del sistema, apostilla León, es que aquellos sin hogar que sufren violencia machista Pero tienen adicciones ya no pueden recurrir a las ayudas y servicios de la Casa de la Mujer.

Más vulnerable

Conde insiste en que sufren una mayor vulnerabilidad que los hombres. Primero porque son mas dificiles de detectar porque intentan hacerse invisibles. Es un mecanismo de defensa para evitar situaciones de riesgo o peligro. Y segundo porque tiene un perfil más deteriorado.

“Soportan el peso de haber fracasado, de haber fallado a sus hijos. La mujer es la que se hace cargo del hogar y siente que lo han perdido”

“Antes de acabar en la calle agotan todas las vías y redes de apoyo por esa vulnerabilidad y miedo al que se enfrentan, por eso cuando les ofrecen ayuda es más difícil que confíen en ti. El trabajo con ellas es muy lento“explica Condé.

Además, acarrean vivencias familiares que melan su autoestima. “Soportan el peso de haber fracasado, de haber fallado a sus hijos. La mujer es la que se hace cargo del hogar y sintió que lo han perdido”, aclara Conde.

Ubicación, el de acepta que los Servicios sociales son los que se haran cargo de sus hijos, acaban idealizándola, es otro mecanismo de defensa. “Tratan de convencerse de que han die en adopcion a sus hijos was lo mejor para ellos. De que son buenas madres por haber hecho este sacrificio”, apunta León.

Inseguridad y miedo

La inseguridad y el miedo que se sienten viviendo en la calle las empujan para buscar la protección del hombre. “Acaban juntándose con un hombre porque así se sienten más seguraspero esa empresa ni les aporta ni les beneficios porque las utilizan para pedir y acaban abusando de ellas“, explica Leon, que asegura que en realidad les genera un sentimiento de soledad todavía mayor. Una de las sensaciones más duras a la que se enfrentan.

Una pena de situaciones que dificultan el trabajo de inserción que realizan desde Cruz Roja, Cáritas, El Carmen o el consistorio, que el año pasado inauguró la Casa Abierta para mujeres, destinada a casos cronificados. La de hombres lleva años en marcha.

Acompañamiento e inserción

“El proceso de intervención es en su mayoría lento, arrastran muchas secuelas y están muy machadas. Tienen miedo y desconfian de todo. La mayoría tiene problemas mentales y adiciones. Además, no suelen tener estudios lo que dificulta mucho más la reinserción en el mundo laboral”, añade León.

Elena Lucea, trabajadora social de la Obra Social El Carmen y responsable de un piso de acogida en el que residen varias mujeres con sus hijos, añade que “los protocolos de los recursos sociales están diseñados para dar una respuesta urgente, pero hay muchas necesidades detrásy el proceso de acompañamiento y reinserción suele ser muy lento”.

problemas que se complican todavía más en el caso del migrante que, además, tienen que enfrentarse a la burocracia. A la barrera del idioma y las diferencias culturales.

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