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el salto natural a las dos estrellas Michelin


Hay restaurantes que crecen por ambición y otros que lo hacen por coherencia. Aleia, alojado en el emblemático Hotel Casa Fuster de Barcelona, pertenece claramente al segundo grupo. La reciente obtención de su segunda estrella Michelin no se percibe como un golpe de efecto, sino como la consecuencia lógica de una propuesta que apunta alto. Nuestra visita al restaurante tuvo como objetivo vivir la experiencia completa del menú degustación y entender, desde la mesa, esta nueva etapa.

Uno de los primeros cambios relevantes es la eliminación de los snacks iniciales, habituales en la mayoría de menús degustación. Según el propio Rafa de Bedoya, chef del restaurante, resultaba complicado potenciar un producto de primera calidad en un solo bocado; por ello, han apostado por crear entrantes de mayor entidad con productos como el atún rojo, las ostras, las vieiras o las gambas rojas. Este ajuste, unido a la tendencia actual de acortar los menús degustación, da lugar a una experiencia más concentrada y coherente desde el primer plato.

Sobre el resto del menú, nos llamó especialmente la atención cómo Aleia ofrece opciones para personalizar la experiencia sin romper la narrativa, como la posibilidad de sustituir la cigala por bogavante o cambiar el ciervo por wagyu. Estas elecciones, opciones con suplemento, no son un simple upgrade, sino puentes que permiten al comensal moldear su propio viaje.



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Así es el menú degustación de Aleia, que acaba de obtener su segunda estrella Michelin


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Lo que define a Aleia no es solo la materia prima, aunque esta sea de primera calidad, local y de temporada, sino la forma en que se trata. Los puntos de cocción, perfectamente ajustados a cada ingrediente, consiguen que el producto nunca se esconda, quedando elevado por el trabajo de las salsas, que en Aleia trascienden su papel convencional. Aquí, las salsas redondean los sabores, añaden capas de complejidad y sostienen las texturas sin dominarlas. Hay salsas tan finas y brillantes que podrían servir de espejo.

Los postres y los vinos tampoco pasan desapercibidos. Por un lado, Berta Linares, la joven pastelera, mantiene el mismo nivel de precisión y equilibrio, cerrando el menú con elegancia mediante tres pases que combinan a la perfección el dulce con toques salados. En cuanto a la bodega, ofrecen una cuidada selección de etiquetas nacionales e internacionales, con especial atención a los vinos de Jerez, además de una innovadora propuesta de maridaje sin alcohol basada en vinos desalcoholizados y bebidas fermentadas.

Vistas del Hotel Casa Fuster, en Barcelona

Flickr – Licencia CC

La historia de Aleia es la de una alianza entre Paulo Airaudo y Rafa de Bedoya, en la que cada uno aporta algo esencial al proyecto.

Paulo Airaudo es un chef con trayectoria internacional, nacido en Córdoba (Argentina) y formado en cocinas legendarias como Arzak, The Fat Duck o Magnolia. Ha cosechado estrellas Michelin en diferentes proyectos (ocho en total), incluido su restaurante Amelia, en San Sebastián.

Rafa de Bedoya, por su parte, es el chef ejecutivo de Aleia. Jerezano de nacimiento y formado en el País Vasco, ha pasado por algunos de los grandes templos gastronómicos de España. Ha impreso al restaurante su sello propio: una sensibilidad mediterránea con raíces andaluzas y una precisión técnica que se percibe en cada plato.

Rafa de Bedoya y Paulo Airaudo, de Aleia

Cedidas Aleia Restaurant

La transición de una a dos estrellas Michelin puede sonar monumental vista desde fuera. En Aleia, sin embargo, el salto se siente como una confirmación, no como una sorpresa. La primera estrella, recibida en 2022 apenas meses después de la apertura, reconoció una cocina de gran precisión. La segunda, otorgada en 2025, no solo valida ese nivel técnico, sino que reconoce una cocina con identidad propia, consolidada en su contexto —Barcelona, el Mediterráneo y el producto— y capaz de dialogar con un público exigente y global.

Aleia ocupa la planta noble del Hotel Casa Fuster, un palacio modernista que ofrece luz natural, vistas sobre el Paseo de Gràcia y una atmósfera que equilibra la elegancia clásica con la comodidad contemporánea. La sala acompaña sin invadir, el servicio es atento pero relajado, y cada elemento contribuye a que la experiencia global, no solo los platos, sea memorable.

Aleia es hoy uno de los restaurantes más excitantes de Barcelona. Tras sentarse a su mesa, queda claro que Paulo Airaudo y Rafa de Bedoya cocinan en la misma frecuencia, ofreciendo una propuesta con una personalidad que la guía Michelin ha sabido reconocer con dos estrellas.



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